Las imponentes cadenas montañosas de La Peña y Ordunte, pertenecientes ambas a las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, cierran la profunda cubeta diapírica que conforma el Valle de Mena, con altitudes que oscilan entre los 300-400 m en el fondo del valle, y los 800-1200 m en las culminaciones de los cordales montañosos.


El valor ecológico, la singularidad y el buen estado de conservación de los bosques meneses, ha propiciado la inclusión de nuestro municipio en la Red Natura 2000 la declaración de estos espacios como Zona de Especial Conservación (ZEC).


La localización del valle en el somontano de la Cordillera Cantábrica, favorece el desarrollo de una diversidad vegetal que se manifiesta en la presencia de especies propias de la España Atlántica junto a otras que son características de la España Mediterránea, dualidad que refrenda el carácter de transición que posee este espacio y que, sin duda, constituye uno de los elementos más importantes que confieren personalidad a este territorio.


Así pues, bosques de hayas y robles, colonias de tejos, acebos o especies endémicas como los Prunus Lusitanica o loros, y praderas naturales en inmediato contacto, ejemplifican esta ambivalencia bioclimática, al tiempo que sirven de soporte a un secular aprovechamiento ganadero de carácter extensivo practicado por las casi extintas razas autóctonas de vacas monchinas y caballos losinos. Este paraíso para los amantes de la botánica resulta igualmente atractivo para aquellos que disfrutan recolectando setas o practicando actividades como la caza y la pesca; las abundantes masas forestales que posee el valle, se convierten en el hábitat de numerosas especies micológicas tales como los hongos o las setas de abril, así como en el refugio de especies cinegéticas como el corzo o el jabalí.


De otro lado, los numerosos cursos de agua que surcan este territorio destacan por su riqueza ictiológica, siendo el más famoso de todos ellos el Cadagua por la cantidad y calidad de sus truchas autóctonas, así como por la belleza de su nacimiento ubicado en el pueblo que lleva su nombre.


Las características bioclimáticas del Valle de Mena, a caballo entre los ámbitos Atlántico y Mediterráneo, han favorecido el desarrollo de una variada y rica comunidad de especies vegetales y animales sobre la que se sustenta la gran biodiversidad que posee el municipio. No en vano, este refugio de endemismos, como las plantas carnívoras de los trampales de los Montes de Ordunte, hábitats singulares, como la turbera de cumbre del Zalama o el bosque macaronésico de laurisilva, ambos también en la Sierra de Ordunte, y especies en peligro de extinción, como el visón europeo, el desmán ibérico o el cangrejo de río autóctono, pertenece a la red de espacios protegidos más grande del mundo, la Red Natura 2000, bajo la figura de protección Zona de Especial Conservación- “Bosques del Valle de Mena”. Este hecho ha sido objeto de reconocimiento con la obtención del Tercer Premio Nacional de Capital de la Biodiversidad en la categoría de municipios con población inferior a 5.000 habitantes.


Folleto Diapiro Del Valle De Mena


También la naturaleza geológica del valle destaca por su valor estético y científico, como las crestas calcáreas de los Montes de La Peña, con el emblemático Pico del Fraile, o el diapiro del Valle de Mena, coincidente con la cuenca alta del río Cadagua, uno de los Puntos de Interés Geológico de la provincia de Burgos, que puede ser contemplado en toda su magnitud desde el mirador natural en el que se emplaza el santuario de Cantonad, en el borde occidental del diapiro, o realizando alguna de las rutas de senderismo que atraviesan todo esta formación geológica y paisajística desde Villasana hasta Cadagua, pueblo donde nace el río que constituye la principal arteria fluvial del Valle de Mena.